::: --> Editado el dia : 27/12/2011 20:47:05
::: --> Motivo :
Este artículo viene en la edición andaluza del periódico El Mundo, de hoy martes 27 de diciembre, página 14, firmado por Juan Antonio Rodríguez Tous.
No puedo dar el link porque no lo he encontrado, así que he tenido que escanear el artículo, pasarle el OCR y copiarlo aquí. Dice unas cuantas verdades. Que lo disfrutéis.
Opositores
«ANDALUCÍA SOMOS TODOS» es el lema de una campaña institucional contra el racismo y la xenofobia promovida por la Consejería de Empleo (véase www.andaluciasomos-todos.es). Se incluyen dos videos humorísticos de género neocostumbrista astracanesco.
Los dos principales sindicatos funcionariales —CSIF y Safja— exigen que se retire uno de ellos, el protagonizado por un opositor madurito que vive aún con su madre y despotrica contra «los que vienen de fuera y nos quitan el trabajo». El mensaje subliminal es tan evidente como torpón: los opositores son la hez de la sociedad andaluza, aunque no lo sepan. De hecho, al final del video, el infame opositor acaba abucharado por el amigo que le da la réplica, un probo currante instalador de ADSL.
Se deduce del contexto propagandístico que la existencia de la administración paralela de la Junta se justifica por una razón noble: la erradicación de la lacra del racismo en la función pública. Ya se sabe que quien nace lechón muere cochino; los opositores acaban convirtiéndose en funcionarios, y los funcionarios se dedican a pleitear contra la Junta, los muy xenófobos.
El video es denigrante pero, ay, no anda muy descaminado en lo esencial. El opositor es un ser abyecto porque se prepara para acceder a la condición de funcionario, hoy más denostada que nunca. En épocas de bonanza, el funcionario es un pobre gusano que vive de su escueta nómina. En épocas de escasez, el funcionario se metamorfosea en voraz polilla que devora el presupuesto. Como gusanos, fueron seres despreciables para los nuevos ricos que produjo la burbuja inmobiliaria. Como polillas, son ahora una plaga que debe ser exterminada.
Opositar se ha convertido en un ejercicio de masoquismo: se compite por un puesto de trabajo que quizá sea amortizado en un futuro. A los aprobados sin plaza ya no les quedará el consuelo humillante de los interinatos. Como mucho, podrán optar a las 'sustituciones', eufemismo
administrativo de 'trabajo-basura': cobrarán por horas, cual ilustrados temporeros.
El número de opositores, sin embargo, crece de modo inversamente proporcional a las plazas que se ofertan. Este paradójico fenómeno sólo se explica en términos psicópatológicos; muchos ciudadanos están aquejados de graves alteraciones en la percepción de la realidad laboral. Sufren alucinaciones. Creen, por ejemplo, que el empleo en el sector privado no es estupendo, sino excrementicio y miserable. Creen que se despide a la gente por enfermar, o por exigir el pago de horas extraordinarias, o por no aceptar recortes salvajes. Suponen que en las nuevas relaciones laborales por la crisis económica sólo impera la ley de las lentejas. Imaginan a la gente haciendo cosas raras: emigrando, aceptando trabajos por debajo de su cualificación profesional o pluriempleados en plan vintage franquista. Opositan porque están locos. Más que campañas de desprestigio, necesitan tratamiento psiquiátrico. Evidentemente.
Juan Antonio Rodríguez Tous. El Mundo 27-12-2011